El mensaje de un cuerpo sobrepasado
Hay algo muy íntimo entre nuestra saturación, la falta de vitalidad y la desconexión con nuestros límites.
Los límites son una experiencia profundamente somática. Algo en el cuerpo se tensa cuando nos sentimos invadidas, silenciadas, o cuando nos anulamos para complacer, percibiendo nuestras propias necesidades como insignificantes.
Con el tiempo, este malestar sostenido se expresa también como inflamación.
El cuerpo empieza a hablar cuando no podemos sostener la escucha profunda con nuestros ritmos, con nuestras necesidades emocionales.
Dolor, inflamación, cansancio persistente… son formas en que el cuerpo intenta defendernos, marcar un límite que quizás no supimos darnos o no pudimos poner afuera.
Al mismo tiempo, hacer contacto con nuestros límites puede llevarnos al colapso o a la desconexión. En la memoria del cuerpo habita el eco de las veces que nuestros límites no fueron respetados, y la vulnerabilidad que eso nos dejó.
Entonces aparece la desorientación.
El cuerpo se vuelve un territorio confuso.
Y con él, la culpa que brota cuando me atrevo a nombrar lo que necesito.
Necesitamos los limites para darnos contención y seguridad.
Los limites nos ayudan a conectar con nosotras y el entorno.
Son los que garantizan nuestra potencia, nuestra vitalidad, y la coherencia entre lo que siento y lo que necesito para estar bien.

Los límites son una experiencia profundamente somática. Algo en el cuerpo se tensa cuando nos sentimos invadidas, silenciadas, o cuando nos anulamos para complacer, percibiendo nuestras propias necesidades como insignificantes.

